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Jaime
Urrutia "Patente de corso"
Diez
canciones de corazón grande
Una de las particularidades musicales de nuestro país:
lo increíblemente difícil que se ponen
las cosas para el antiguo miembro de un grupo que quiera
funcionar como solista. Aquí no abunda la comprensión,
no existe la curiosidad por lo que pueda hacer. Básicamente,
se espera que X siga toda la vida como parte del grupo
Z, el mismo con el que le conocimos. Cosa terrible son
los prejuicios.
Jaime
Urrutia sabe de esa capacidad nacional para la crueldad
con sus artistas y por eso se tomó su tiempo
en reaparecer. Aunque algunos colegas le recordaron
una y otra vez que su presencia era indispensable: en
el intermedio entre la ruptura de Gabinete Caligari
y "Patente de corso", se le pudo ver
como invitado en conciertos de Andrés Calamaro,
Loquillo, Bunbury, Elefantes. Ellos
y otros muchos somos conscientes de que Jaime posee
una de las voces clave de la música pop española,
con un hermoso repertorio que refleja su casticismo
y su rebeldía, su curiosidad musical y su audacia
conceptual.
Las
primeras escuchas de "Patente de corso"
revelan que Jaime no ha roto con su trayectoria. Que
es perfectamente reconocible tanto en voz como en mundo
poético. Con significativas diferencias: las
canciones, en vez de llegar envueltas en un sonido de
grupo, tienen ahora tratamientos muy diferenciados.
Aquí conviven rock and roll y swing, metales
y coros, soul y bossa. Un traje a medida para cada tema,
elaborado con excelentes materiales -léase la
lista de participantes- y las habilidades de personas
que entienden el Universo Urrutia, como Jesús
N. Gómez y Esteban Hirschfeld.
"Patente
de corso" lleva fotos de García-Alix
hechas en rincones de Las Ventas: se retrata la cotidianidad,
no el glamour de las grandes tardes. "Patente
de corso" contiene diez canciones que nos traen
de golpe al mejor Jaime. Una piedra preciosa de muchas
caras: chulo y frágil, dolorido y deslenguado,
nocturno y diurno, padre y amante, encelado y soñador,
provocador y escéptico, meditabundo y alborotador.
La escucha de "Patente de corso" equivale
a un recorrido por la montaña rusa: se despiertan
los sentidos, crecen las ganas de vivir, se ensancha
el corazón.
¡BIENVENIDO DE NUEVO, JAIME URRUTIA!
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